Suena una canción de Erik Satie
y la almohada huele a lavanda


Danzamos a merced del porvenir sin frenos
Tangibles, absolutamente tangibles el uno para el otro
nuestros cuerpos danzan en trance


Contrarios a lo inefable
descubrimos geografías


Me dices «Voy a necesitar otro cuerpo para albergar tanto deseo»
y yo tiemblo a tu lado al terminar


Atrezzo de una victoria, esta cama de hotel es testigo

Este silencio que aturde
Este no saber nada
¿Dónde estás, amor?

Tengo para vos ricos frutos que ahora se pudren

Y sin embargo pasarás
como pasan las estaciones y los meses


Y las tormentas de verano
se tornarán vacías de ti.


Sin ti.


Así te tengo, amor: sin ti.

Teranga

Adiós Dakar, Teranga, adiós desierto, adiós calles de arena que servís de atrezzo para los estampados vívidos de las mujeres que cargan, hacen, deshacen, barren, limpian, venden, cosen, hablan, crían, caminan, alimentan paisajes sombríos.
Adiós, adiós. Teranga.

Tres voces en una

Voz 1:
Me asombro ante el eco del vacío
como si lo oyera por primera vez.
Olfateo la libertad de las esquinas.

Voz 2:
Instantáneas expresadas en palabras, fotografías reveladas en sintagmas.

Cuando lo de afuera no acompaña, es mejor quedarse dentro.

Voz 3:
Decidí marcharme. Volver a saborear mi cotidianidad.

Voz 2:
Recuerdo su vulnerabilidad. Su eterno anhelo unido a un hilo de tristeza.

Voz 3:
Regresar. A esta ventana. A este mirar desde dentro.

Voz 2:
Tengo las ventanas de casa abiertas y la camisa remangada. Yo también quiero atrapar los nervios del reencuentro. Endulzar mis labios con cerveza.

Voz 3:
El mundo me pesa.

Voz 1:
El mundo pesa 5.977 trillones de toneladas.

En el lugar donde no me esperas

En el lugar donde no me esperas
chillan las paredes, ladran los suelos, y se encogen las esquinas.


No hay lugar para lugar
y el abismo lentamente se contrae hasta devastar todo lo existente. También yo misma.

Este cuerpo ya no tiene lugar que habitar.

Esta garganta ya no tiene voz.

Los aradidos de mi llanto son silencio a medida que los muros constriñen y se agolpan y se reducen cada vez más

en este lugar donde no me esperas.

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