#JuegosDePalabras

Desvestidos de revestimientos
Desnudos de armazón
Desprovistos de armas
Pero armados como soldados
Moldes encofrados
Sujetos y apuntalados

Emparedados con vistas a un balcón
que suscita imaginarios
y ensueña
quimeras que nunca existieron

Muros distópicos
aglutinan ficción
Tapiados en cemento soluble

Aún brotan voces, homónimas
en esta fábula sin fulgor.

“Gloria en los altos cielos a Dios y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad” (Gloria in excelsis Deo).

¡Agua va! Y agua viene
Manan los mares
retorcidos de sempiterna pleamar
o tal vez engrandecidos por tormentos
que, tempestuosos, retornan de nuevo
a una alevosa verdad.
Funestas estas horas
en las que clamamos, ¡imploramos!
que aún no,
aún no
este diluvio colosal

Y llora Gaia
Y brota un camino arrugado
de borrascas que borran de nuestras fronteras
la cartografía colonial

Cazadores de huracanes furtivos
hombres blancos, mayestáticos,
cubiertos de Gloria clandestina,
pugnan contra oleajes inclementes
que azotando devoran
negacionismo y ficción artificial

Ya arrastran las olas
Ya desalojan las aguas vivas crecientes
Ya sincroniza la quiebra de tierra, aire y mar
Riadas desbordadas
remolcan conciencias en agua de socorro
e indelebles perpetúan
el agua bendita (para unos)
(para otras) el agua lustral

Ya naufragan vehículos, falocéntrica materialidad
IsIansán, Indra, Kon, Pariacaca, Tlaloque,
liquidad estas aguas (mayores y menores)
vergüenzas de esta «desarrollada» humanidad

Tifón de agua tofana
Ecorevancha ¿para resignificar?
No es eventual este turbión
(cambio climático ya imperecedero)
estas marejadas altaneras
estos piélagos de arrebatos pluviosos
que hacen ya del decrecimiento
una urgente potestad.

Chamana

Anoche soñé que vivía en la tribu ceilandesa del libro que estoy leyendo y que me convertía en la mujer sabia de la tribu. Como los viejos chamanes pero en una tribu matriarcal. La chamana vieja y sabia que vive rodeada de animales lindos con quienes habla y de plantas que emplea y que lo conoce todo porque ha estado en todas partes: ha viajado por el mundo, conoce varias lenguas, tiene una gran biblioteca, ha vivido todas las experiencias, las más dulces y las más atroces, ha visto y ha sufrido la violencia, la de muchas mujeres y en su carne propia, ha visto la colaboración y las grandes luchas populares y la alegría de lo colectivo, ha conocido a los hombres más feroces y a los más débiles, ha conocido también la gran esfera del capital y el lujo y los ejecutivos y las juntas de accionistas de las empresas que mueven el mundo en su labor como intérprete, ha estado en grandes organizaciones como la ONU y la FAO pero también en los pequeños campos agrícolas de Cuba, Senegal, Indonesia o Sri Lanka. La mirada de las mujeres colombianas. Jamás olvidará el día que comunicaron la muerte de Berta Cáceres a sus compañeras en aquella reunión de sindicatos en una okupa de Roma.
La mujer chamana además ha amado y ha dolido hasta enloquecer. Conoce bien la locura y ya no le teme. Conoce bien las drogas, sus efectos y cómo gestionarlos. Cultiva sus propias plantas y hongos con respeto y calma.
Pero lo que realmente hace especial a la mujer chamana fueron las circunstancias de su nacimiento. La vida la lanzó al mundo con tanta crueldad que ella solo podía terminar convirtiéndose en esclava o en sabia. No tuvo padres y tuvo que aprender a caminar sola. Es ahí donde reside la magia y la gran fuerza de esta mujer chamana.
La mujer chamana conoce todas las religiones y corrientes y es ecléctica. No vende grandes verdades ni curas. Está cansada y sus piernas le pesan pero ante un lobo que amenace a su tribu sacará una fuerza sobrenatural y defenderá a su gente.
Algunos temen a la mujer chamana por estas cualidades. No comprenden cómo es posible contener en el cuerpo tanta fuerza y vehemencia para salvar a una tribu entera y a la vez pasar sus días en calma, rodeada de animales, niños y amigos entre risas y naturaleza. La mujer chamana es fuerte pero no hay nada que temer.
A ella se acercan muchas mujeres para pedir consejo pero también los confusos, los perdidos, los enfermos del alma. Esa es su labor en el mundo. Ayudar a otres y salvarlos a través de la escucha, la calma, los libros la sabiduría, la poesía, la música, las plantas…
Todo esto lo comprendió la mujer chamana el día en que también comprendió que para poder cumplir la función que le había sido destinada ella debía salvaguardarse y protegerse bien. Para poder cuidar a otrxs. Comprendió su cometido de bruja en el mundo y de ayudar a los demás el día que decidió no volver a dejar de ser amada.

La ciudad se había despertado

La ciudad se había despertado sin que ella se diera cuenta. Apenas se percató de ello mientras tomaba el primer sorbo de vino de la noche.
Había llegado «la hora melancolía», esa en la que se hace el amanecer y los primeros pájaros titubean anunciando otro día de intenso calor veraniego. Pronto pasarían las breves ráfagas de brisa de la mañana más temprana como un espejismo en medio de la peor ola de calor.

Se oían ya los motores de los coches atravesar las calles, un móvil sonaba no muy lejos, la puerta de un camión de descarga que chocaba, la moto que arranca con prisa, la conversación de los transeúntes que se acelera en una madrugada que ya es día.

¿Por qué? ¿Por qué la noche es siempre tan corta para quienes no saben qué persiguen?

Era preciso apresurarse a la cama antes de que le atrapara el calor del día; pero sobre todo su lucidez.
Al fin y al cabo la luz del día supone la antítesis del errante que desconoce qué dilucidar y necesita por ello el reflejo de las sombras.

Esta noche las estrellas palpitan en mi mano
y yo las miro fríamente y les susurro «¿Quién sois?».

Ya nada puedo reconocer
No tengo sino en mi pecho
Un abismo de la razón que ayer me acompañaba
Y en el ayer me hallo una vez más radiante, amor
Mas no en el mañana decapitado sin púlpito ni sonrisa que por mil veces resquebrajo
Mil veces y una vez más, otra vez, amor
regreso a los rediles de esta   inmensa avaricia

Y digo amor porque solo los locos hablan solos
¿A quién hablo si no es a mí misma?
En la plenitud del vacío hago las delicias del dolor más grande jamás conocido

jamás contado
jamás existido
jamás superado
no superado jamás

No hay bestia ni alimaña que lo soporte
porque este dolor, amor, no pertenece al mundo terrenal
sino a la más alta esfera
allí donde los seres más elevados nos deleitamos
con las caricias que nunca recibimos

Con no ser amados.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar