“Gloria en los altos cielos a Dios y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad” (Gloria in excelsis Deo).
¡Agua va! Y agua viene
Manan los mares
retorcidos de sempiterna pleamar
o tal vez engrandecidos por tormentos
que, tempestuosos, retornan de nuevo
a una alevosa verdad.
Funestas estas horas
en las que clamamos, ¡imploramos!
que aún no,
aún no
este diluvio colosal
Y llora Gaia
Y brota un camino arrugado
de borrascas que borran de nuestras fronteras
la cartografía colonial
Cazadores de huracanes furtivos
hombres blancos, mayestáticos,
cubiertos de Gloria clandestina,
pugnan contra oleajes inclementes
que azotando devoran
negacionismo y ficción artificial
Ya arrastran las olas
Ya desalojan las aguas vivas crecientes
Ya sincroniza la quiebra de tierra, aire y mar
Riadas desbordadas
remolcan conciencias en agua de socorro
e indelebles perpetúan
el agua bendita (para unos)
(para otras) el agua lustral
Ya naufragan vehículos, falocéntrica materialidad
IsIansán, Indra, Kon, Pariacaca, Tlaloque,
liquidad estas aguas (mayores y menores)
vergüenzas de esta «desarrollada» humanidad
Tifón de agua tofana
Ecorevancha ¿para resignificar?
No es eventual este turbión
(cambio climático ya imperecedero)
estas marejadas altaneras
estos piélagos de arrebatos pluviosos
que hacen ya del decrecimiento
una urgente potestad.
