Anoche soñé que vivía en la tribu ceilandesa del libro que estoy leyendo y que me convertía en la mujer sabia de la tribu. Como los viejos chamanes pero en una tribu matriarcal. La chamana vieja y sabia que vive rodeada de animales lindos con quienes habla y de plantas que emplea y que lo conoce todo porque ha estado en todas partes: ha viajado por el mundo, conoce varias lenguas, tiene una gran biblioteca, ha vivido todas las experiencias, las más dulces y las más atroces, ha visto y ha sufrido la violencia, la de muchas mujeres y en su carne propia, ha visto la colaboración y las grandes luchas populares y la alegría de lo colectivo, ha conocido a los hombres más feroces y a los más débiles, ha conocido también la gran esfera del capital y el lujo y los ejecutivos y las juntas de accionistas de las empresas que mueven el mundo en su labor como intérprete, ha estado en grandes organizaciones como la ONU y la FAO pero también en los pequeños campos agrícolas de Cuba, Senegal, Indonesia o Sri Lanka. La mirada de las mujeres colombianas. Jamás olvidará el día que comunicaron la muerte de Berta Cáceres a sus compañeras en aquella reunión de sindicatos en una okupa de Roma.
La mujer chamana además ha amado y ha dolido hasta enloquecer. Conoce bien la locura y ya no le teme. Conoce bien las drogas, sus efectos y cómo gestionarlos. Cultiva sus propias plantas y hongos con respeto y calma.
Pero lo que realmente hace especial a la mujer chamana fueron las circunstancias de su nacimiento. La vida la lanzó al mundo con tanta crueldad que ella solo podía terminar convirtiéndose en esclava o en sabia. No tuvo padres y tuvo que aprender a caminar sola. Es ahí donde reside la magia y la gran fuerza de esta mujer chamana.
La mujer chamana conoce todas las religiones y corrientes y es ecléctica. No vende grandes verdades ni curas. Está cansada y sus piernas le pesan pero ante un lobo que amenace a su tribu sacará una fuerza sobrenatural y defenderá a su gente.
Algunos temen a la mujer chamana por estas cualidades. No comprenden cómo es posible contener en el cuerpo tanta fuerza y vehemencia para salvar a una tribu entera y a la vez pasar sus días en calma, rodeada de animales, niños y amigos entre risas y naturaleza. La mujer chamana es fuerte pero no hay nada que temer.
A ella se acercan muchas mujeres para pedir consejo pero también los confusos, los perdidos, los enfermos del alma. Esa es su labor en el mundo. Ayudar a otres y salvarlos a través de la escucha, la calma, los libros la sabiduría, la poesía, la música, las plantas…
Todo esto lo comprendió la mujer chamana el día en que también comprendió que para poder cumplir la función que le había sido destinada ella debía salvaguardarse y protegerse bien. Para poder cuidar a otrxs. Comprendió su cometido de bruja en el mundo y de ayudar a los demás el día que decidió no volver a dejar de ser amada.
