La ciudad se había despertado

La ciudad se había despertado sin que ella se diera cuenta. Apenas se percató de ello mientras tomaba el primer sorbo de vino de la noche.
Había llegado «la hora melancolía», esa en la que se hace el amanecer y los primeros pájaros titubean anunciando otro día de intenso calor veraniego. Pronto pasarían las breves ráfagas de brisa de la mañana más temprana como un espejismo en medio de la peor ola de calor.

Se oían ya los motores de los coches atravesar las calles, un móvil sonaba no muy lejos, la puerta de un camión de descarga que chocaba, la moto que arranca con prisa, la conversación de los transeúntes que se acelera en una madrugada que ya es día.

¿Por qué? ¿Por qué la noche es siempre tan corta para quienes no saben qué persiguen?

Era preciso apresurarse a la cama antes de que le atrapara el calor del día; pero sobre todo su lucidez.
Al fin y al cabo la luz del día supone la antítesis del errante que desconoce qué dilucidar y necesita por ello el reflejo de las sombras.

Publicado por alsi9

vanne9@yahoo.com

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