
Esta noche las estrellas palpitan en mi mano
y yo las miro fríamente y les susurro «¿Quién sois?».
Ya nada puedo reconocer
No tengo sino en mi pecho
Un abismo de la razón que ayer me acompañaba
Y en el ayer me hallo una vez más radiante, amor
Mas no en el mañana decapitado sin púlpito ni sonrisa que por mil veces resquebrajo
Mil veces y una vez más, otra vez, amor
regreso a los rediles de esta inmensa avaricia
Y digo amor porque solo los locos hablan solos
¿A quién hablo si no es a mí misma?
En la plenitud del vacío hago las delicias del dolor más grande jamás conocido
jamás contado
jamás existido
jamás superado
no superado jamás
No hay bestia ni alimaña que lo soporte
porque este dolor, amor, no pertenece al mundo terrenal
sino a la más alta esfera
allí donde los seres más elevados nos deleitamos
con las caricias que nunca recibimos
Con no ser amados.
